La ley de la selva

¿No sería este un mundo mejor si todos respetaramos más la ley de la selva?

Como venimos repitiendo y no nos cansaremos de hacerlo, es necesario leer los grandes clásicos, porque nos hacen mejores personas a través de la empatía y los valores que transmiten. Un niño que lea El libro de la selva probablemente será más respetuoso con los animales y su entorno.

El planeta tiene serios problemas medioambientales (la contaminación, la desforestación, la sobreexplotación de recursos ambientales, la pérdida de biodiversidad, etc.) y no podemos quedarnos ajenos a esto. Una forma fantástica de sensibilizarnos y acercarnos más a la naturaleza es conocer El libro de la selva, en el que todo gira en torno al respeto de la ley no escrita entre los animales y es fundamentalmente una llamada de atención al hombre para que se comporte igual.

Al final del libro Mowgli firma una carta en la que dice estas sabias palabras que todos deberíamos hacer nuestras:

«La selva continúa en peligro por la amenaza de los humanos que embalsan los ríos, talan los árboles, cazan a los animales dejando a muchas especies al borde de la extinción.                                                                                                                                      No lo permitas tú. Que la ley de la selva no sea más la ley del fuerte devorando al pequeño; que entre los humanos prime la razón y el respeto por la naturaleza».

Esta situación, que se planteaba ya en 1894, sigue vigente y el problema es mucho más acuciante hoy. Como ya sabemos, la actualidad en cualquier tiempo es una de las características de los clásicos. Pero lo más sorprendente es que, aún habiendo sido conscientes de este problema hace más de un siglo, hayamos llegado a donde estamos ahora sin ponerle freno. Esto es una prueba más de que no atendemos a los clásicos con el respeto que deberíamos.

 

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El libro de la selva

La selva de la India o la isla de San Pablo en Alaska para la mayoría de nosotros es una realidad muy lejana y exótica, pero cuando leemos esta novela, la traemos a nuestra casa, se hace parte de nosotros y de esta forma nos dolerá más lo que pueda pasar allí.   El autor de El libro de la Selva, Rudyard Kipling, premio Nobel de Literatura en 1907, pasó buena parte de su vida en la India y por lo tanto conocía bien el entorno, aunque no debemos leerlo como un  libro riguroso científicamente ya que las costumbres de los animales son en muchos casos inventadas o repite creencias populares sin ninguna base científica. Pero lo importante es que podemos sentirnos identificados con los animales antropomórficos de Kipling, que hablan, cantan, sufren, son héroes valientes o villanos malvados, no son quizás los más realistas, pero sí consigue hacerlos mucho más cercanos a nosotros.

Además del respeto por la naturaleza y el respeto entre las especies, otra de las enseñanzas que se pueden extraer de este libro es que la familia de verdad es la que nos ama, aunque no sea de sangre.

«Yo nací en la selva. He obedecido la ley de la selva, y no hay ni uno de nuestros lobos al que no haya quitado una espina de las patas. ¿Cómo no van a ser mis hermanos?».

Mowgli es un niño que no encuentra su sitio, no encaja ni en la selva ni en la aldea con los hombres, pero encuentra lealtad en sus amigos Bagheera y Baloo y sus hermanos lobo. La amistad y la lealtad es otro de los valores fundamentales de este libro.

Todos conocemos la historia de Mowgli, el niño criado por los lobos, por las películas, sobre todo el  gran clásico de Disney de los años 60. Pero El libro de la Selva es mucho más.

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La novela de Kipling es un conjunto de cuentos, publicados originalmente por entregas, entre los que podemos leer además la historia de la foca blanca, la de Rikki-tikki-tavi, la mangosta o la de Toomai, el de los elefantes.

Un niño curioso (y si no lo es, la labor de los mayores es despertarles la curiosidad) querrá saber qué aspecto tiene una mangosta o la diferencia entre una foca, un león marino y una vaca de mar. Así, aunque este no sea el más científico de los libros, puede ser un buen punto de partida para investigar con los más pequeños sobre el mundo animal.

No hay excusas, todo son ventajas para que grandes y pequeños lean ya El libro de la selva.

¡Escuchad la llamada y cazad bien,       

 observando las leyes de la selva!

 

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