La importancia de los clásicos III

Para terminar con esta serie de reflexiones que han servido para posicionarnos e intentar transmitir en qué lugar creemos que deben estar los clásicos, vamos a hablar de dos libros magníficos. En primer lugar, Por qué leer los clásicos de Italo Calvino que se ha convertido ya él mismo en un clásico.

El autor empieza dando una serie de definiciones que nos ayudan a entender qué es un clásico y es que a veces puede que los lectores no lo tengan claro. Para muchos, los clásicos están relacionados con erudición, dificultad u oscuridad, pero nada más lejos. Eso no es lo que define a un clásico. A continuación os dejamos algunas de las definiciones que nos han parecido más interesantes:

  1. “Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos”.
  2. “Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual”.
  3. “Un clásico es un libro que nunca terminará de decir lo que tiene que decir”.
  4. “Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres)”.
  5. “Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él”.

En ningún caso los clásicos se definen por su dificultad, sino por entusiastas lecturas y relecturas a lo largo de siglos.

La última definición que hemos escogido nos parece muy interesante y acertada y es que los clásicos son fundamentalmente los que tú eliges como tales. Es verdad que hay una cierta unanimidad general en algunos autores que se suelen considerar clásicos, pero lo importante es la lista que cada uno se hace con sus clásicos. El canon es algo muy difícil de establecer y varía mucho según nacionalidades o gustos personales. Para un español es inconcebible que una lista de clásicos no incluya a Cervantes, pero ninguno de los dos autores de los que hablamos en esta ocasión lo incluye. En próximas entradas profundizaremos más sobre este tema.

En los siguientes capítulos Italo Calvino nos presenta a sus clásicos que van desde la Odisea y la Anábasis pasando por  Orlando el furioso, Robinson Crusoe, Stendhal, Balzac, Dickens, hasta Hemingway o Jorge Luis Borges. Para Calvino los clásicos sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado y eso es fundamental en la formación de cualquier persona.

 

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Por qué leer los clásicos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El segundo libro del que vamos a hablar es Clásicos para la vida de Nuccio Ordine. Él mismo afirma que Clásicos para la vida “no quiere ser otra cosa que un homenaje a los clásicos en un momento difícil para su existencia”.

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Clásicos para la vida

El libro de Ordine tiene una estructura similar al de Calvino. Primero hace una introducción en la que explica la importancia de los clásicos en la educación y en los capítulos siguientes nos presenta una selección de clásicos.

Los dos autores insisten en la importancia de leer a los clásicos en las escuelas, en los clásicos como base de la educación. Es preocupante el olvido al que Europa está relegando sus raíces culturales cuando debería alzarse defensora de ellas:

“Mientas que en países tecnológicamente tan avanzados como Corea se intensifican las inversiones en las disciplinas humanísticas -consideradas una fuente extraordinaria para el cultivo de la fantasía y la imaginación que están en la base de todo tipo de creatividad-, Europa, olvidando sus raíces culturales, está  matando progresivamente el estudio de las lenguas antiguas, la filosofía, la literatura, la música y el arte en general”.

Como apunta también en su anterior libro,  La utilidad de lo inútil, Nuccio Ordine insiste en la importancia de formar ciudadanos críticos:

“En vez de formar pollos de engorde criados en el más miserable conformismo, habría que formar jóvenes capaces de traducir su saber en un constante ejercicio crítico”.

“Renunciar a la filología, renunciar a la lentitud, renunciar a los saberes humanísticos, significa renunciar al ejercicio de la crítica y a la búsqueda de la propia libertad”.

Ordine estuvo durante meses leyendo a sus alumnos fragmentos de autores clásicos y extrayendo enseñanzas de esos textos. Y eso es lo que recoge en este libro, esos fragmentos que le sirven para tratar temas importantes de la vida y que están de total actualidad. Por ejemplo, utiliza un fragmento de El banquete para hablar de que el conocimiento requiere esfuerzo o a Boccaccio contra el fanatismo religioso o a John Stuart Mill a favor de la igualdad entre las personas y así va desarrollando importantes valores a través de sus clásicos. De esta forma, demuestra que los clásicos deben ser la base de la enseñanza, “hacernos mejores, hombres y mujeres libres capaces de vivir”. Y es que dice Ordine:

“Invertir en enseñanza y en cultura significa educar a los jóvenes en el respeto a la justicia, en la solidaridad humana, en la tolerancia, en el rechazo de la corrupción, en la democracia, con el fin de mejorar además el crecimiento económico y civil del país: independientemente de los frutos que puedan derivarse del conocimiento mismo, ¿de cuántos mayores recursos no podría disponer el Estado si hubiera más ciudadanos de bien capaces de oponerse a la corrupción y a la evasión fiscal?”

Tanto Nuccio Ordine como Italo Calvino son profesores de literatura y se los podría acusar de “barrer para casa”, por eso me parece muy interesante leer esta reflexión de Albert Einstein, símbolo de la ciencia del siglo XX, que recoge Ordine en su libro:

“La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista. En mi opinión, esto es aplicable, en cierto sentido, incluso a las escuelas técnicas, cuyos alumnos se dedicarán a una profesión totalmente definida. Lo primero debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados”.

Palabra de Einstein.

 

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